Mostrando entradas con la etiqueta ETNOMUSICOLOGÍA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ETNOMUSICOLOGÍA. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de agosto de 2013

ETNOMUSICOLOGÍA COMENTADA EN LA ESCOBA esCULTURAL


Los de estudios etnomusicológicos "Curaciones de Luna Nueva" y la "Guía Introductoria para la Investigación sobre músicas", han sido objeto de una linda ENTREVISTA que estuvo a cargo de la colega y amiga, Cladia Daza, Y AHORA ESTÁ COLGADO en su blog La Escoba esCultural.
Dénle una visitadita a este espacio porque, además de este diálogo acerca de la investigación de saberes musicales en la TCO de Lomerío (Chiquitanía), el debate musical, las sesiones de audición, los intercambios musicales, las musicalidades y el rol de la etnomusicología en nuestro país, Claudia tiene muchas otras notas críticas de mucho interés. Disfruten el paseo. 
GRACIAS CLAU!

jueves, 7 de febrero de 2013

DEBATE

Interculturalidad: una pregunta abierta [1]

p. Bernardo Rozo. Artista y Entomusicólogo Phd

1.        Introducción

La diversidad, en contextos como el nuestro, es un tema que ha venido cobrando atención en las últimas décadas. Fruto de ello, observamos cómo no sólo se ha gestado cambios a nivel constitucional y legislativo, sino también la manera en que se ha hecho cada vez más imperante para cada ciudadano la necesidad de consolidar relaciones armónicas de convivencia con distintos grupos socioculturales, frente a una también creciente manifestación de acontecimientos que han puesto en evidencia la forma en que la discriminación, el racismo y la exclusión todavía son moneda de intercambio y circulación en algunas regiones del país que todavía buscan entenderse como ‘diversas’.
En tal contexto, en los últimos años, hablar de interculturalidad, multiculturalidad y pluriculturalidad se ha convertido en algo casi cotidiano. No obstante, un inadecuado manejo terminológico ha mostrado no sólo que estos términos muchas veces son usados como sinónimos, sino también que ello puede derivar en lecturas erradas de los fenómenos socio-políticos que nos afectan, a tal punto que puede observarse el anclaje de formas contradictorias de uso de los mismos en los perfiles de acción de muchas instituciones gubernamentales y privadas que se proponer lidiar con el fenómeno.
En este contexto, cuando trabajamos con estos contenidos y con ellos trazar líneas de acción para el análisis y transformación de conflictos que se suscitan en diferentes campos socioculturales del país, una de esas líneas de acción ha comenzado a consolidarse a través del empleo de diferentes expresiones de arte contemporáneo, con el objetivo de recurrir a los elementos creativos como herramientas para acciones directamente aplicadas a dichos campos. Una de las experiencias más recientes, en este sentido, ha sido la Muestra Museográfica “Del país que somos al país que queremos ser” de la Fundación Unir.
Esta exposición tuvo como base conceptual la DIVERSIDAD, en una muestra museográfica cuyos objetos visuales y sonoros han sido concebidos para buscar campos evocativos, emotivos y a la vez reflexivos, abordando así cinco módulos que visibilizan cinco dimensiones específicas de la diversidad: geográfica, biológica, individual, cultural y societal.
El propósito de este documento es proponer elementos teórico-metodológicos y conceptuales que sean aplicables, útiles y pertinentes a un objetivo específico de la Fundación UNIR: ampliar, adaptar y complementar los contenidos de su Muestra Museográfica “Del país que somos al país que queremos ser” y, en base a ello, definir y consolidar el marco conceptual y práctico de una nueva Muestra semi-permanente, de carácter artístico, para ser montada en el espacio municipal ‘Pipiripi’, durante el período 2011-2012.

2.        Propuesta terminológica base

No cabe duda de que los términos la interculturalidad, multiculturalidad y pluriculturalidad se refieren todos ellos a las distintas formas de diversidad que define a las poblaciones humanas. Sin embargo, debemos llamar la atención al hecho fundamental de que éstas apuntan a conceptualizar no sólo las distintas diversidades, sino también las distintas prácticas relacionadas a ellas. Dicho de otra manera, la distinción entre estos términos, aquí propuesta, comienza apuntando no al plano nominal, sino fundamentalmente, al plano práctico, donde la acción y la experiencia son niveles definitorios.
Inclusive, algunos teóricos observan la manera en que las perspectivas ‘pluri/multi’ se han venido vinculando con visiones conservadoras, por ejemplo, aquellas sobreentienden que es sólo la propia cultura la que está en condiciones –y por tanto, legitimada–, para dirigir y articular el diálogo y la relación “intercultural” al interior del país[2]. Inclusive se observa cómo “...el discurso de la interculturalidad es cada vez más utilizado por el Estado y por las agencias multilaterales como un nuevo ‘gancho’ del mercado”[3].
Por ello,
“La necesidad de replantearse, reinventar o redefinir la interculturalidad… es una urgencia… La tarea actual es instalar de forma vigorosa [una] nueva visión de interculturalidad, acorde con los procesos profundos de cambio en Latinoamérica, para no reproducir visiones y conceptos funcionales a la dominación a nombre de atenuarla…
La necesidad de redefinir y de replantearse la ‘interculturalidad’, en su noción y uso dominantes, se ha vuelto una urgencia… debido a los cambios vertiginosos que vivimos a nivel continental: la democracia representativa, el estado y el conjunto del orden político y las condiciones de la vida social están vistos como los procesos de cambio progresista más profundos y vertiginosos del mundo…”[4]
Entonces, de cara a esa necesidad, nos avocaremos en lo que sigue, a identificar los elementos que caracterizan y diferencian los términos multiculturalidad,  pluriculturalidad e interculturalidad, y en base a ello, esclarecer por qué es necesario trabajar con y a través del Arte, desde una nueva perspectiva de interculturalidad.
Con relación a la multiculturalidad, observamos que éste es un término que actúa solamente en el plano descriptivo[5]. En su uso dominante, se la entiende como un concepto que hace énfasis en la necesidad del “respeto entre las culturas”[6]; la: “coexistencia, tolerancia y convivencia entre desiguales para la construcción de una comunidad de ciudadanos –una comunidad de iguales…”[7]. Se refiere a la multiplicidad de culturas que pueden existir dentro de un contexto en particular, sin que éstas estén necesariamente relacionadas entre sí. En este sentido, el multiculturalismo es entendido como sinónimo de relativismo cultural cuya tendencia es el énfasis de los pueblos y culturas como entidades demarcadas en sí mismas, sin denotar ningún aspecto relacional.
Vista así, la idea de diversidad muestra un claro contenido ideológico, ya que se deforma por visiones idílicas, paternalistas y folclóricas de los pueblos y sus culturas, negando otras dimensiones igualmente diversas, como las de género, clase, generación, lo popular, lo diaspórico, entre otras.
Se ha desarrollado inclusive, dos concepciones de multiculturalidad muy distintas: una relacionada a las demandas de grupos culturales subordinados dentro de las sociedades nacionales, en demanda de justicia e igualdad; la otra, propia de los Estados liberales, en la que todos supuestamente comparten los mismos derechos, a partir de lo cual se espera que la tolerancia funcione sin mayor conflicto, problema o resistencia. Ambos enfoques tienen a la tolerancia como eje del problema multicultural, sin embargo tienden fuertemente a ocultar la permanencia de las desigualdades e inequidades sociales que no permiten a todos los grupos relacionarse equitativamente y participar activamente en la sociedad, dejando así intactas las estructuras e instituciones que privilegian a unos sobre otros.
Por su parte, la pluriculturalidad ha sido un término que al parecer ha tenido un uso más frecuente en contextos latinoamericanos, frente a la necesidad de representar formas de convivencia entre pueblos diferenciados no sólo culturalmente sino también racialmente (blancos, mestizos, etc.), destacando justamente fenómenos como el mestizaje, las formas de resistencia cultural y la revitalización de tradiciones. La pluriculturalidad sugiere diferentes matices de pluralidad (histórica, por ejemplo), además de la idea de convivencia y territorialidad como elementos que hacen parte de la construcción de una nación. A diferencia de la multiculturalidad, que destaca culturas y formas de organización social singulares, la pluralidad destaca más bien la existencia de la diversidad entre y dentro de las mismas culturas.
Desde esta perspectiva, la solución pluricultural al problema de la diversidad, consiste en la mera ‘inclusión’ y ‘reconocimiento’ en la sociedad y el Estado actuales, de los indígenas, los pobres y los ‘marginados’.
Dicho de otra manera, mientras que la multiculturalidad normalmente describe a grupos culturales distintos que permanecen separados, divididos y hasta opuestos, la pluriculturalidad nos indica la convivencia de culturas en un mismo espacio territorial, aunque no menciona aún sus formas prácticas de interrelación, menos aún se explica por qué ésta puede llegar a mantenerse conflictiva con el tiempo.
Ahora bien, a diferencia de los dos anteriores, la interculturalidad destaca relaciones de mayor complejidad[8], en tanto que formas de negociación e intercambio cultural permanentes. Destaca la interacción entre personas y/o grupos, donde los conocimientos y prácticas culturalmente no son sólo diferentes sino que son objeto de relacionamiento. Por tanto, tal relacionamiento es una interacción que hace parte de condiciones específicas, como son las asimetrías sociales, económicas, políticas y de poder, las mismas que no sólo están en tensión permanente, sino que pueden llegar a reforzar o limitar al "otro" como sujeto de interacción.
Desde esta perspectiva, no se trata simplemente de buscar, descubrir, reconocer o incluso tolerar al otro, tampoco de enfatizar la diferencia como un fenómenos en sí mismo. Se trata, más bien, de reconocer estos procesos permanentes de relacionamiento, intercambio y negociación, por medio de mediaciones sociales, políticas y comunicativas.
Entendida así, la interculturalidad se convierte en un campo ‘intermedio’ que se define por estar entre culturas[9]. No significa simplemente su contacto, sino el intercambio y la interacción que, desde una situación de opresión, asimetría y/o dominación, se logren relaciones equitativas. Por eso se trata de un proceso permanente entre personas y grupos, teniendo en cuenta saberes y valores, prácticas y comportamientos, además de productos concretos. Sobre ese entendimiento, la interculturalidad intentará quebrar históricas hegemonías existentes entre culturas dominantes y subordinadas, y sólo recién plantearse la construcción cotidiana de una convivencia de respeto, legitimidad y autodeterminación de los pueblos. De ahí su carácter crítico y prospectivo de todas las instituciones sociales, por lo que puede convertirse en un principio de cuestionamiento de sistemas y procesos educativos, sociales, políticos y jurídicos.
Cabe señalar además, que los procesos de intercambio no significan un simple contacto o relación entre culturas, como sucede de forma cotidiana en los diferentes espacios. Se trata, más bien, de confrontar las desigualdades en dichos intercambios.
No obstante, por lo mismo podemos afirmar que, a nivel social, la interculturalidad aún no existe. Es un proceso aún en construcción, ya que todavía debe consolidar nuevas y concretas prácticas, valores y acciones colectivas, no nominales ni abstractas, sino como procesos formativos y de interacción.
Contraria a una democracia liberal que pone su atención sólo al multiculturalismo, esta noción de interculturalidad no oculta la permanencia de las desigualdades encarnadas en individuos e instituciones y hegemonías dominantes, sino que trabaja a partir de ellas. A diferencia de una visión pluralista, que resalta las diferencias étnicas, de género o generacionales, para verlas como adscripciones inamovibles, homogéneas, estáticas y con fronteras siempre definidas, la noción de interculturalidad no niega el carácter dinámico, múltiple y hasta contradictorio de las identidades.
En resumen, la interculturalidad es un proceso dinámico y permanente de relación entre culturas, cuyo intercambio se construye con conocimientos, saberes y prácticas culturalmente distintas. Es también un campo de negociación y de traducción donde se reconoce y confronta las desigualdades sociales, económicas y políticas, así como las relaciones y los conflictos de poder en las sociedades. Por tanto, se convierte en una tarea social y política de interpelación constante: para la construcción de condiciones de respeto, legitimidad mutua, simetría e igualdad; para la búsqueda de nuevos sentidos de convivencia en la diferencia; para crear modos de solidaridad y también de responsabilidad.
“Lo que la interculturalidad en su uso crítico busca hoy es una intervención en paridad entre subalternos y grupos dominantes, componiendo instituciones del mundo liberal capitalista con instituciones que aseguran la apertura de un nuevo tipo de democracia con elementos de democracia directa, por medio de usos y costumbres de los pueblos indígenas, en fin, abriendo un nuevo tipo de constitucionalismo y de proceso democrático. Una reinvención del estado y de la llamada democracia…”[10]

3.        La noción de Interculturalidad aplicada a una Muestra de Arte 

La interculturalidad, vista así, es un problema que atañe no solamente a las poblaciones rurales, indígenas o campesinas, sino a todos los sectores de la sociedad. Sin embargo, dadas las diferencias que nos separan, las relaciones asimétricas entre las personas, grupos y sociedades, la interculturalidad no puede ser vista como algo definitivo. No sólo es un desafío, sino también una pregunta abierta.
En función de su aplicación en trabajos de arte contemporáneo, cuya meta sea la transformación de la sociedad en los temas y problemáticas arriba expuestos, nos preguntamos ¿a través de qué mecanismos podemos hablar de la construcción interculturalidad, sin tener que ocultar los conflictos, las dinámicas identitarias, la dominación y el colonialismo? Es más, ¿cómo hablar de interculturalidad apelando a experiencias concretas y sin tener que recurrir a las palabras y la retórica?
Para responder a estas preguntas, hacemos una aplicación práctica de la noción de interculturalidad, desde la perspectiva propuesta, como algo inseparable a tres dimensiones fundamentales que serán objeto de reflexión en la propuesta de exposición, a saber: la identidad, la diferencia y el conflicto, las mismas que se vinculan de la siguiente manera.
El poder interactuar de forma simétrica con los demás requiere inicialmente de un autoconocimiento pleno, para así conocer y entender los elementos que conforman y destacan lo propio y lo ajeno, lo cual se vincula otros aspectos como son la autoestima y la autenticidad. Los teóricos de la identidad ya nos explicaban que, además de que la identidad está en constante transformación en las personas y los grupos, es algo que no podemos elegir, sino que se tiene que negociar con significados e imágenes que también son construidos colectivamente[11]. Asimismo, identificarnos dentro del entorno familiar y cultural requiere que nos diferenciemos de otros entornos. Por tanto, aunque sea un proceso que muchas veces es inconsciente, se hace menester hacerlo evidente para construir la interculturalidad: ser consciente y respetuoso de las diferencias sin tratarlas como dicotomías que poseen fronteras definidas, acabadas e insuperables, sino como elementos que está siempre en construcción, negociación y conflicto.
¿Por qué negociación y conflicto? El carácter inter de la interculturalidad es lo que Homi Bhaba[12] refería como espacio intermedio donde dos o más culturas traducen y negocian sus elementos, mientras que mantienen algo de sí, sin necesidad de asimilarse a ninguna otra. Esta noción de tercer espacio sugiere que no hay fronteras rígidas entre culturas o entre personas diferenciadas, tampoco existen culturas puras o estáticas, sino divisiones dinámicas, flexibles y sobrepuestas. Así, esta articulación intermedia no busca sobrevalorar o erradicar las diferencias culturales, sino propiciar la interacción dialógica entre elementos que, por lo general, son presentados como dicotómicos: pasado y presente, pertenencia y diferencia, tradición e innovación o cambio, inclusión y exclusión, campo y ciudad, control y resistencia.
Sobre esta base, podemos entender que la noción de interculturalidad pueda ser aplicada en una dimensión práctica –experiencial–, antes que descriptiva, discursiva o terminológica. No es suficiente hablar de una realidad latinoamericana explicada en términos históricos de mestizaje colonial, transculturación, ‘cholificación’, o de globalización o hibridación. Estas percepciones, dado que se preocupan prioritariamente por el factor de convivencia, no logran explicar, en la mayoría de los casos, la confluencia de prácticas, estrategias, resistencias y sobrevivencias más dinámicas y complejas, incuso de aquellas que conllevan a choques culturales muchas veces violentos o a procesos "civilizatorios" impuesto por el colonialismo aun vigente.
En este sentido, si vamos a tener la diversidad y todos sus temas concomitantes en una muestra de arte, lo mejor será no recurrir tanto a retóricas verbales que expliquen el ‘deber ser’ de estos fenómenos, sino mejor traer a colación, de forma audiovisual, las experiencias reales y concretas que las personas tienen al respecto en su diario vivir.
No cabe duda de que nuestros días se ven marcados por un contacto mayor y más acelerado entre culturas. Además, las migraciones, los flujos de imágenes y de información en los medios masivos de comunicación, traen consigo nuevas y controversiales dimensiones identitarias. En tal situación, la idea de identidades aisladas ya no es más sostenible. Las identidades, sean culturales, étnicas, de género, u otras, ahora son más de interacción y encuentro cultural, también de formas de nombras las cosas y de territorios intermedios. Sin embargo, al mismo tiempo, en contextos como el boliviano, existen grupos que siguen construyendo y reproduciendo una dimensión propia que los distingue de los demás, la misma que desafía la generalización y homogenización de nuestra era.
Es éste el reto más grande de la noción de interculturalidad: no ocultar las desigualdades, contradicciones y los conflictos de la sociedad o de los saberes y conocimientos (algo que el manejo político muchas veces trata de hacer), sino trabajar con ellos, hasta poderlos INTERVENIR.

4.        Bibliografía consultada

Bhabha, Homi. El lugar de la cultura. Buenos Aires: Manantial, 2002.
———. «The Other Question: Stereotype, Discrimination and the Discourse of Colonialism». En The Location fo Culture. New York: Routledge, 1984.
Kymlicka, Will. Ciudadanía multicultural. Barcelona, 1996.
PNUD. «La nación necesaria: en la ruta hacia el interculturalismo». En Informe 2004 Interculturalidad y globalización, 99-129. La Paz: PNUD, 2004.
Toranzo Roca, Carlos, y José Luis Exeni, eds. Lo pluri-multi, o, El reino de la diversidad. La Paz: ILDIS, 1993.
Viaña, Jorge. «Reconceptualizando la Interculturalidad». En Investigar y Transformar, 294-343. La Paz: Convenio Andrés Bello, 2010.
Walsh, Catherine. «Interculturalidad y colonialidad del poder: un pensamiento y posicionamiento otro desde la diferencia colonial». En El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica en el capitalismo global, 47-62. S. Castro-Gómez y R. Grosfoguel (eds.). Bogotá: Siglo del Hombre, 2007.



[1] Documento de “Complementación Conceptual para la Exposición semi-permanente de la Fundación Unir en el Museo Pipiripi”. GAMLP. Documento Técnico. 2011. La Paz
[2] Jorge Viaña, «Reconceptualizando la Interculturalidad», en Investigar y Transformar (La Paz: Convenio Andrés Bello, 2010), p. 299.
[3] Catherine Walsh, «Interculturalidad y colonialidad del poder: un pensamiento y posicionamiento otro desde la diferencia colonial», en El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica en el capitalismo global, S. Castro-Gómez y R. Grosfoguel (eds.). (Bogotá: Siglo del Hombre, 2007), p. 55.
[4] Viaña, «Reconceptualizando la Interculturalidad», p. 297.
[5] Will Kymlicka, Ciudadanía multicultural (Barcelona, 1996).
[6] Carlos Toranzo Roca y José Luis Exeni, eds., Lo pluri-multi, o, El reino de la diversidad (La Paz: ILDIS, 1993).
[7] PNUD, «La nación necesaria: en la ruta hacia el interculturalismo», en Informe 2004 Interculturalidad y globalización (La Paz: PNUD, 2004), p. 102.
[8] Para una consulta más profunda, ver los trabajos de Catherine Walsh, “(De) construir la interculturalidad” (Fuller, 2002); Luis Tapia, La condición multisocietal, multiculturalidad pluralismo, modernidad (2002); Boaventura de Sousa Santos, La reinvención del Estado y el Estado plurinacional (OSAL, Nº 22, 2007)
[9] Homi Bhabha, El lugar de la cultura (Buenos Aires: Manantial, 2002); Homi Bhabha, «The Other Question: Stereotype, Discrimination and the Discourse of Colonialism», en The Location fo Culture (New York: Routledge, 1984).
[10] Viaña, «Reconceptualizando la Interculturalidad», p. 298.
[11] Stward Hall, 1997
[12] Op cit.

Daunloudear el texto pdf en el siguiente enlace.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Y Uno más que NO PODÍA FALTAR: ALTA-PI

ALTA-PI (ALTERNATIVAS A LA PROPIEDAD INTELECTUAL). Actualmente es una agrupación ciudadana conformada por una treintena de personas de diferentes regiones del país (académicos, investigadores independientes, artistas, artesanos y gestores culturales), que se han dado la tarea de recurrir a experiencias concretas e investigaciones de campo (antropología, etnomusicología, creación, producción, promoción y gestión cultural), para ‘devolverle’ a la sociedad perspectivas críticas y comparadas acerca de lo que ocurre en diferentes contextos nacionales, perspectivas éstas relacionadas siempre al quehacer artístico y cultural. Su trabajo busca: la construcción y ampliación de redes sociales; el ejercicio de derechos y responsabilidades ciudadanas; y el ejercicio de la consulta y el debate en torno al arte y la cultura. Algunas direcciones de contacto de ALTA-PI: rozosensei@yahoo.com; richard.mujica@yahoo.es; mbigenho@hampshire.edu; h.stobart@rhul.ac.uk; sikus_bolivia@yahoo.com; pls09@hampshire.edu; waritaxm@hotmail.com.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Piratería Musical: vista desde la etnomusicología


Este trabajo, titulado Piratería Musical: vista desde la etnomusicología, es una ponencia presentada el 18 Junio del 2008, presentada en la Mesa Redonda “Piratería musical y el uso justo de la música nativa”, Convocada por el etnomusicólogo inglés Henry Stobart y apoyada por el  MUSEF.  La Paz, Bolivia.
En aquel momento estaba concluyendo un doctorado en Etnomusicología (Universidad Federal de Bahia, Salvador-Brasil), con una investigación acerca de los usos que se hace de la música en el Cine para representar la alteridad cultural de países como el Brasil. Desde esa perspectiva, compartí algunas reflexiones desde la disciplina, pero que las propuse no sólo como investigador académico, sino también como músico y 'consumidor' de músicas.
Sabemos que el tema de la piratería es complicado, no sólo porque creo que es un fenómeno que está marcado por relaciones de Poder, sino también porque ha mostrado manifestarse desde múltiple dimensiones. Por ello, difícilmente podría llegarse a una conclusión que contemple todas las implicaciones que están en juego. Me atrevo a decir que no se trata de un problema que pueda resolverse sólo a partir de una relación de oposición entre buenos y villanos, o entre lo occidental y no-occidental.
En este sentido, permítanme las siguientes ideas, ideas que ideas puedan contribuir un poco en el debate que existe entre lo que es industria cultural, poniendo énfasis en algo importante: es necesario analizar este tema no de forma aislada, sino desde la relación, diferencias y paralelos que existen entre la “cultura discográfica”, “cultura musical” y “cultura cinematográfica”.  

lunes, 27 de agosto de 2012

LOS ESQUEMAS DE DERECHOS DE AUTOR Y PROPIEDAD INTELECTUAL EN BOLIVIA, Y LAS INSTITUCIONES QUE LOS GESTIONAN



En este artículo, titulado: "Para pensar Alternativas a los esquemas de Derechos de Autor y propiedad Intelectual en Bolivia", pretendo compartir una serie de ideas que se organizan de la siguiente manera: Primero, sintetizo muy brevemente una serie de problemas identificados en el ámbito del Arte y la Cultura en Bolivia, principalmente en lo concerniente a la necesidad de reconocimiento social, el ejercicio de derechos y responsabilidades ciudadanos y la distinción que podríamos reconocer, tanto entre las figuras de ‘artista’ y ‘cultor’, cuanto entre las de ‘cultura viva’ y ‘bienes culturales’; distinciones éstas que vale la pena repensar frente al rol que hoy en día están cumpliendo las instituciones que gestionan los esquemas de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, hoy vigentes en nuestro país. A partir de ello, si bien busco puntualizar algunas limitaciones que emergen desde las normas y procedimientos que estos dos esquemas muestran hoy en día con relación a los pueblos indígena, los datos que presento sugieren que dichas limitaciones probablemente no son muy distintas a las que enfrentan las culturas urbanas dentro del territorio nacional. Sobre esa base, haciendo algunos atisbos sobre lo que sucede en otras partes del planeta, propongo algunas conclusiones y sugerencias que dirijo tanto a los Consejos Departamentales de Culturas, como también a todos quienes deseen armar una posible agenda colectiva de trabajo, crítica y constructiva, entorno a estos temas.
ESPERO QUE ANIME UN DEBATE CONSTRUCTIVO 

lunes, 12 de marzo de 2012

MÚSICA LOMERIANA

Grabación y Producción Independiente de dos CDs de Música Lomeriana. La investigación "Curaciones de Luna Nueva" nos ha permitido además una grabación in situ, de manera conjunta y participativa, con los músicos locales. Luego de varias sesiones, grabadas en contextos 'naturales' (p.e. al borde del río Zapocó o en el chaco de uno de ellos), se ha logrado estos dos trabajos. Todo el material logrado (Master, fotografías y papelería para la producción de CD para la difusión) ha sido entregado a los mismos músicos para que ellos lo administren de forma directa y autónoma. Para conseguir este material, favor entrar en contacto con el Cacique OTB de la Comunidad San Lorenzo, al teléfono comunal No. (012)39802055; o con la Central de Comunidades Indígenas de Lomerío (CICOL), teléfonos comunales No. (010) 39881750 - (010) 39881755 (comunidad El Púquio).

MÚSICA DE LA COMUNIDAD SAN LORENZO.
GRUPO MAÑOMANTAIKI ("LOS ABUELOS")




MÚSICA LOMERIANA.
DON MARIANO BAILABA Y MÚSICOS INVITADOS



lunes, 30 de enero de 2012

Teatro, Cine e Identidad. Pensar la cultura en la Bolivia actual


 Entrevista realizada por Viola Vento. Actriz y Estudiante de antropología (La Paz, 30/01/2012).
1. Cuales aspectos del abigarramiento de la sociedad boliviana de hoy, te parecen más interesantes de un punto de vista antropológico?
Desde mi punto de vista, aquellos aspectos que son de carácter más creativo y poiético (no sólo poético); esto es, aquellos que ponen en evidencia la capacidad de la sociedad –una que ha vivido y aún vive profundas injusticias y marginación del colonialismo interno–, de producir, inventar, re-inventar su realidad. Por mi perfil artístico, me intereso mucho por las maneras en que la gente consigue hacerle ‘juegos de cintura’ a su condición de clase, culturalmente entender y resolver su vida.
En tal situación, a pesar de su complejidad y de los antecedentes históricos y políticos que la marcan, creo que la condición de abigarramiento de la sociedad boliviana no debe ser necesariamente algo negativo. Cuando pienso en ello, pienso también en la figura del caleidoscopio, donde tenemos un juego de sobreposición y mezcla de colores, a partir de la cual entiendo que, sin necesidad de sufrir formas patológicas de esquizofrenia, las personas juegan dinámica y lúdicamente con sus identidades para lograr la gestión de sus vidas, en cada uno de los perfiles que necesitan desempeñar.
2. En el gobierno de Evo Morales, ¿se percibe una mayor libertad cultural o más bien una “hegemonía aymara”?
A pesar de que este gobierno ha logrado muchas cosas que antes era casi imposible pensar, principalmente en desbaratar que sólo ciertas familias de clase alta manejen el país a su antojo y que la injusticia se campee impune por todo el territorio nacional, yo no creo que las ‘libertades culturales’ se deban o dependan de la gestión estatal y mucho menos de un gobierno. Por lo tanto, creo que este es un campo de gestión muy propio y autónomo de las personas, grupos, sociedades.
Ahora, si bien es cierto que en esta línea, el gobierno actual ha venido ‘enarbolando la bandera de lo propio’ como una plataforma de trabajo, también es cierto que gran parte de sus esfuerzos se está concentrando sólo en algunos ‘retazos’ de la cultura, mostrando quizás mayor interés en construir una industria cultural local y el binomio cultura-turismo. Vemos por ejemplo que, estando en el gobierno, ciertos sectores de la sociedad se han visto empoderados en este sentido, y acaban fortaleciendo y priorizando expresiones culturales de gran envergadura, como son el Carnaval de Oruro y el Gran Poder. Sin embargo, vemos que el horizonte muchas veces es trabajar sólo con versiones folklóricas de las culturas. Muchas veces siento que todavía se trabaja sólo desde la nostalgia de un ‘pasado glorioso’ (prehispánico), y no tanto con las culturas vivas de la actualidad.
En otra parte decía lo siguiente: no cabe duda de la importancia histórica y cultural de las tradiciones. Su creación y reproducción son mecanismos que nos permiten mantener vivas las fronteras identitarias que nos distinguen unos con otros, identidades que nos generan identificación y una fuerte sensación de grupo, de clase, incluso de nación. Sin embargo, actualmente pareciera que tendemos a mostrar, ver, estudiar y discutir sólo eso; como si nos inspiraran sólo los remanente culturales de nuestra historia, sólo los elementos que, luego de la colonia, han logrado mantenerse con el paso de los años. Me refiero a algo así como una cierta nostalgia del pasado que procura mostrar a las culturas como algo estático e inmutable.
Me parece que muchas veces hacemos de cuenta que la cultura no trajera consigo conflictos y contradicciones entre nosotros mismos. Como si todos estuviésemos de acuerdo en la forma como debe ser nuestra cultura. Como si los préstamos, apropiaciones, negociaciones, relecturas y reinvenciones culturales no generaran conflictos y contradicciones internas. Y tendemos a olvidar que en el ámbito de la cultura, los conflictos no son necesariamente algo negativo. Desde mi punto de vista, los conflictos y las contradicciones son un motor fundamental para las dinámicas culturales. Esto tiene mucho que ver con la paradoja, que siento que es otro de los motores fundamentales de una cultura-sociedad abigarrada.
Por eso intuyo que el desafío es descubrir la manera en que todos los sectores de la sociedad, jóvenes y ancianos, urbanos y rurales, hombre y mujeres, aprendan unos de otros. Un intercambio ya no sólo cultural, sino que también es generacional, de clase, de género, de visión. Esto, por supuesto, tiene que ver con la posibilidad de que construyamos nuestras identidades ya no tanto a partir de antiguos rasgos ancestrales, míticos y tradicionales, o sólo de los traumas de la dictadura y la lucha de clases, sino también de aquellas cosas que nuestros hijos están aprendiendo y viviendo en estos tiempos. Dicho de otro modo, hablo de construir tradiciones también aprendiendo de nuestros hijos.
Con ello no estoy diciendo que debamos reemplazar y substituir nuestras tradiciones por las innovaciones o por lo ajeno, sino que me refiero a un diálogo justo entre los motores contradictorios de la cultura: la permanencia y la innovación, la memoria y visión.
Muchos bolivianos estamos atentos a cómo este gobierno resuelve estos desafíos, lo cual, innegablemente tiene que ver con el Poder. Si históricamente consigues invertir el acceso al poder en favor de quienes antes no lo tenían, fácilmente esa inversión puede convertirse en un nuevo problema de poder. Entonces, si este nuevo horizonte que nos invita a mirarnos más hacia adentro, no está bien gestionado, puede convertirse en otra forma de ‘ceguera’, de intolerancia y de negación de la diferencia.
Tal vez por eso hoy e día estamos atentos a las nuevas élites aymaras que, aunque existieron desde hace mucho, ahora están más vinculadas al poder. Así, es posible que en el ‘tablero de juego’, el mundo aymara ha cobrado mayor protagonismo en el país, para bien o para mal, mostrando líderes y pensadores muy visionarios y, al mismo tiempo, sujetos muy corruptos y dogmáticos; mostrando sectores deprimidos que ahora están más beneficiados con servicios básicos y participación en la toma de decisiones, pero al mismo tiempo, muestran una desmedida pugna interna por oportunidades que puedan satisfacer sólo intereses sectoriales o gremiales (la problemática del TIPNIS es prueba de ello).
Ahora, esta nueva condición se enfrenta con una misma disyuntiva histórica: propiciar un gobierno de todos. Por eso, creo que la respuesta no está en una forma particular de Estado, sino en la gestión autónoma de las personas, de los grupos, de sus movimientos sociales, lo cual puede significar una forma de dilución del Estado como aparato.
Con todo, quiero pensar que, en la actualidad, los discursos oficiales culturalistas pueden ser una oportunidad para la construcción interna y el debate de una mayor tolerancia e interculturalidad.
3. En las dos películas La Nación Clandestina y ¿Quién mató a la llamita blanca? hay dos diferentes visiones de la relación Bolivia - identidad cultural, ¿en cuál te reconoces más? ¿Crees que son diferentes porqué se relacionen a dos momentos históricos distintos?
No sé si en este caso, la cuestión sea ‘con cuál me reconozco’, porque de ser así, me reconozco en ambas producciones. Creo que la cuestión es: qué ‘miradas’ –como las del cine– son necesarias en la actualidad, y ahí, con todas sus limitaciones narrativas y de producción, el trabajo de Bellot y su equipo de estudiantes, han logrado poner en escena los perfiles paradójicos de las relaciones interculturales en este país. Desde un humor negro (que puede incluso bordear lo pintoresco y grotesco), siento como que ellos consiguen refrescar la importancia que tiene el poder reírnos de nosotros mismos y no sentirnos tan importantes por nuestra condición histórica como nación. Al contrario, Sanjinés siempre apuntó –y lo continúa haciendo– al apelo de una conciencia política que no deja de estar impregnada de los dolores de la dictadura, la persecución política y el exilio. Algo que hoy en día corre el riesgo –aunque no tan fácilmente– de ser leído sólo como el apelo a lo ‘políticamente correcto’, que puede terminar siendo algo muy forzado y desgastado si es que no se refresca contrastándose con otras ‘parcelas’ de la realidad.
Interesante es que lo que las une a ambas es que presentan el tema de los viajes, los desplazamientos y la subsecuente transición de una a otra identidad en los sujetos, lo cual ocurre de acuerdo al contexto, las necesidades, la interpelación e interacción, y ciertamente, la búsqueda interminable del yo. En algunos casos vemos cómo eso parte de y/o se desenlaza en una tragedia y, en otros, en lo cómico y paradójico.
Con todo, creo que son películas que se diferencian no sólo porque pertenecen a dos épocas históricas distintas, sino porque son dos miradas distintas, no sólo de las identidades sino también del país mismo. Ambas igual de válidas y necesarias.
4. ¿Como evalúas la posibilidad de hablar de dinámicas trágicas y cómicas respecto a la identidad cultural?
Esta comparación me encanta, porque observo que la cultura es un campo de puestas en escena, de instalaciones y de constante representación. Eso me permite descubrir no sólo la capacidad creativa y poiética de las sociedades, principalmente en el juego de identidades (de acuerdo a con quién interactúo, dónde y para qué lo hago, asumo todo el tiempo diferentes identidades), sino también el hecho de que nuestros procesos identitarios parecieran oscilar entre lo trágico –lo inmutable del destino–, y lo cómico –las transgresión, la farsa, la invención, la innovación y la parodia. Antiguamente, la antropología tendía a mirar las identidades como algo estático y esencial que define inmutablemente a un sujeto o grupo, o como algo problemático que bordea la anomia dado que es contradictorio. Yo siento que lo fundamental de la identidad, es justamente su sentido teatral, cuyo carácter poiético le otorga una cualidad dinámica en la constitución de los individuos.

sábado, 28 de enero de 2012

Entrevista sobre el Carnaval en Bolivia. Una perspectiva desde la etnomusicología


Entrevista realizada por Bolivia TV. Televisión Boliviana. Canal 7
Lugar y Fecha: La Paz, Bolivia. 26/01/12
CN 7: Como etnomusicólogo, ¿qué es lo que destacaría hoy en día de eventos como el carnaval en nuestro medio?

En estos eventos se habla mucho sobre las tradiciones, las danzas, los significados y valores ancestrales que están contenidos en todas esas expresiones, además de su fuente vínculo con el mundo rural e indígena, algo que tanto nos caracteriza.

Todo bien. Pero, poco se sabe y poco se dice acerca de los ‘entretelones’ del carnaval, donde se observa fuertes tensiones entre los diferentes grupos sociales. Por ejemplo:

- Los ancianos tratan de mantener intactas sus tradiciones, mientras que los jóvenes buscan renovarlas incorporando nuevos elementos, muchos de ellos, abiertamente tecnológicos.
- Las bailarinas cada vez tienen los vestidos más cortos, mientras que de tanto en tanto, surge una discusión sobre el verdadero origen de una que otra danza o tonada.
- Las coreografías se estilizan cada vez más, aparecen colores mucho más ‘sintéticos’ en las vestimentas
- El uso de instrumentos musicales se aleja cada vez más de las épocas en que tradicionalmente deben ser tocados.

En fin. Vemos que en el carnaval, mucha gente se queja y critica los cambios, mientras que otros se sienten felices y satisfechos por ello. ¿Qué nos dice esa tensión?

Más allá de confirmar que efectivamente el carnaval es una época de inversión y quiebre de normas, más allá del goce y los placeres mundanos y dionisíacos que esta fiesta implica, donde es normal que encontremos fuertes y contradictorias dinámicas de la cultura; e, incluso, más allá del hecho de que hay muchos intereses económicos y de poder en este tipo de eventos culturales, creo que debemos poner atención en algo que considero fundamental: Me refiero a las innovaciones culturales:

Esto es: el conjunto de préstamos, apropiaciones, negociaciones, relecturas y reinvenciones de una gran cantidad de elementos culturales que circulan en nuestras sociedades (andina, urbana, amazónica, chaqueña, globalizada, clasemediera, minera, etc.)

Considero que en estos contextos abigarrados, la música puede ser como una especie de termómetro que nos permite observar (y, sobretodo, escuchar) las dinámicas culturales que nos rodean y nos caracterizan como grupo o como nación.

Yo creo fervientemente que, si bien eventos como el carnaval son momentos/espacios estrictamente audiovisuales, llenos de coloridas instalaciones, también éstos están repletos de saberes, valores, prácticas, comportamientos y productos musicales que siempre nos van a informar sobre la sociedad. Un paisaje sonoro, en suma, que nos muestra múltiples y complejas capas de materiales sonoros muy importantes para e pensamiento antropológico.

CN 7: Y, ¿por qué destaca estos aspectos?

No cabe duda de la importancia histórica y cultural de las tradiciones. Su creación y reproducción son mecanismos que nos permiten mantener vivas las fronteras identitarias que nos distinguen unos con otros, identidades que nos generan identificación y una fuerte sensación de grupo, de clase, incluso de nación.

Sin embargo, tendemos a mostrar, ver, estudiar y discutir sólo eso; como si nos inspiraran sólo los remanente culturales de nuestra historia, sólo los elementos que, luego de la colonia, han logrado mantenerse con el paso de los años. Me refiero a algo así como una cierta nostalgia del pasado que procura mostrar a las culturas como algo estático e inmutable.

Al respecto, me parece que muchas veces hacemos de cuenta que la cultura no trajera consigo conflictos y contradicciones entre nosotros mismos. Como si todos estuviésemos de acuerdo en la forma como debe ser nuestra cultura. Como si los préstamos, apropiaciones, negociaciones, relecturas y reinvenciones culturales no generaran conflictos y contradicciones internas.

Tendemos a olvidar que en el ámbito de la cultura, los conflictos no son necesariamente algo negativo. Desde mi punto de vista, los conflictos y las contradicciones son un motor fundamental para las dinámicas culturales.

Paradójicamente, el carnaval, como ya dije, es un tiempo en que todo está permitido, un período en que se acepta el quiebre de normas y hasta cierto punto, el descontrol y la innovación.

Sin embargo, debemos comprender que el quiebre de normas y la reinvención de tradiciones, no ocurre sólo en estos días. Esta es una tensión que caracteriza a toda sociedad desde antes que comencemos a caminar erguidos por el planeta. Es una característica muy humana la de repensar la cultura de manera constante.

Ahí, es crucial el rol de sujetos como, por ejemplo, los jóvenes y los viajantes: me refiero a esos sujetos curiosos, altamente creativos, y prolíficos inventores de tradiciones. Ya que siempre están poniendo nuestras tradiciones (‘nuestra cultura’) frente a un espejo, en un marco comparativo, a partir de lo cual suceden fenómenos como los intercambios culturales. Frente a esto, muchas personas se sienten incómodas y temerosas, porque entienden que esto implica un serio riesgo de perder la manera en que uno simplemente ES. Eso es muy comprensible, porque, por lo general, los ancianos, no viven de manera directamente experiencial lo que viven los jóvenes (cambios de épocas, de códigos, incluso de valores), y se sienten inseguros. Aquí, el desafío, intuyo que es descubrir la manera en que ambos, jóvenes y ancianos, aprendan unos de otros. Un intercambio ya no cultural, sino que esta vez deberá ser generacional.

Esto, por supuesto, tiene que ver con la posibilidad de que construyamos nuestras identidades ya no tanto a partir de antiguos rasgos ancestrales, míticos y tradicionales, sino también de aquellas cosas que nuestros hijos están aprendiendo y viviendo en estos tiempos. Dicho de otro modo, hablo de construir tradiciones también aprendiendo de nuestros hijos.

Inclusive, si te fijas bien, no estoy hablando tanto del reemplazo y substitución de todas nuestras tradiciones por las innovaciones y lo ajeno, sino de un diálogo justo entre ambos motores de la cultura: la permanencia y la innovación.

CN 7: Y, ¿por qué considera que la música, en eventos como el carnaval, puede ayudarnos a entender mejor los cambios culturales.

Quiérase o no, la música afecta nuestras vidas. Mucha veces, incluso las determina. Por ello, es que se convierte en un material que ha estado y está muy presente en nuestra historia.

Para mí, la música, más allá de ser un vehículo de entretenimiento, o una forma de goce estético y contemplativo, es también una forma muy singular de lenguaje que permite muchos y diferentes tipos de lecturas y discursos.

La etnomusicología nos enseña que todas esas lecturas y discursos son altamente válidos mientras tengan un mínimo grado de relevancia en la sociedad donde son creados. Me refiero el grado de incumbencia o pertinencia que una música tienen en un contexto. Lo que equivale a decir que una música es relevante para un grupo en la medida en que ésta tienen efectos claros en él.

Entonces, si estamos de acuerdo con esto, debemos prestar atención a la importancia que tiene los cambios y las permanencias para todos aquellos grupos diferentes que participan en eventos como el carnaval; no sólo a los que dicen detentar la tradición. Además, debemos creo yo, prestar atención tanto a los usos como a los significados que se les da a estas expresiones culturales desde las diferentes formas de ver y experienciar eventos audiovisuales como estos (¡obviamente, el cuerpo de un joven siente las cosas de manera diferente al de un anciano!).

No cabe duda: a través de la música podemos saber qué es lo que le preocupa a una sociedad, qué es lo que dice, qué es lo que elije como presente, como pasado; qué es lo que decide recordar y olvidar, cómo le suena el mundo.