sábado, 28 de enero de 2012

Entrevista sobre el Carnaval en Bolivia. Una perspectiva desde la etnomusicología


Entrevista realizada por Bolivia TV. Televisión Boliviana. Canal 7
Lugar y Fecha: La Paz, Bolivia. 26/01/12
CN 7: Como etnomusicólogo, ¿qué es lo que destacaría hoy en día de eventos como el carnaval en nuestro medio?

En estos eventos se habla mucho sobre las tradiciones, las danzas, los significados y valores ancestrales que están contenidos en todas esas expresiones, además de su fuente vínculo con el mundo rural e indígena, algo que tanto nos caracteriza.

Todo bien. Pero, poco se sabe y poco se dice acerca de los ‘entretelones’ del carnaval, donde se observa fuertes tensiones entre los diferentes grupos sociales. Por ejemplo:

- Los ancianos tratan de mantener intactas sus tradiciones, mientras que los jóvenes buscan renovarlas incorporando nuevos elementos, muchos de ellos, abiertamente tecnológicos.
- Las bailarinas cada vez tienen los vestidos más cortos, mientras que de tanto en tanto, surge una discusión sobre el verdadero origen de una que otra danza o tonada.
- Las coreografías se estilizan cada vez más, aparecen colores mucho más ‘sintéticos’ en las vestimentas
- El uso de instrumentos musicales se aleja cada vez más de las épocas en que tradicionalmente deben ser tocados.

En fin. Vemos que en el carnaval, mucha gente se queja y critica los cambios, mientras que otros se sienten felices y satisfechos por ello. ¿Qué nos dice esa tensión?

Más allá de confirmar que efectivamente el carnaval es una época de inversión y quiebre de normas, más allá del goce y los placeres mundanos y dionisíacos que esta fiesta implica, donde es normal que encontremos fuertes y contradictorias dinámicas de la cultura; e, incluso, más allá del hecho de que hay muchos intereses económicos y de poder en este tipo de eventos culturales, creo que debemos poner atención en algo que considero fundamental: Me refiero a las innovaciones culturales:

Esto es: el conjunto de préstamos, apropiaciones, negociaciones, relecturas y reinvenciones de una gran cantidad de elementos culturales que circulan en nuestras sociedades (andina, urbana, amazónica, chaqueña, globalizada, clasemediera, minera, etc.)

Considero que en estos contextos abigarrados, la música puede ser como una especie de termómetro que nos permite observar (y, sobretodo, escuchar) las dinámicas culturales que nos rodean y nos caracterizan como grupo o como nación.

Yo creo fervientemente que, si bien eventos como el carnaval son momentos/espacios estrictamente audiovisuales, llenos de coloridas instalaciones, también éstos están repletos de saberes, valores, prácticas, comportamientos y productos musicales que siempre nos van a informar sobre la sociedad. Un paisaje sonoro, en suma, que nos muestra múltiples y complejas capas de materiales sonoros muy importantes para e pensamiento antropológico.

CN 7: Y, ¿por qué destaca estos aspectos?

No cabe duda de la importancia histórica y cultural de las tradiciones. Su creación y reproducción son mecanismos que nos permiten mantener vivas las fronteras identitarias que nos distinguen unos con otros, identidades que nos generan identificación y una fuerte sensación de grupo, de clase, incluso de nación.

Sin embargo, tendemos a mostrar, ver, estudiar y discutir sólo eso; como si nos inspiraran sólo los remanente culturales de nuestra historia, sólo los elementos que, luego de la colonia, han logrado mantenerse con el paso de los años. Me refiero a algo así como una cierta nostalgia del pasado que procura mostrar a las culturas como algo estático e inmutable.

Al respecto, me parece que muchas veces hacemos de cuenta que la cultura no trajera consigo conflictos y contradicciones entre nosotros mismos. Como si todos estuviésemos de acuerdo en la forma como debe ser nuestra cultura. Como si los préstamos, apropiaciones, negociaciones, relecturas y reinvenciones culturales no generaran conflictos y contradicciones internas.

Tendemos a olvidar que en el ámbito de la cultura, los conflictos no son necesariamente algo negativo. Desde mi punto de vista, los conflictos y las contradicciones son un motor fundamental para las dinámicas culturales.

Paradójicamente, el carnaval, como ya dije, es un tiempo en que todo está permitido, un período en que se acepta el quiebre de normas y hasta cierto punto, el descontrol y la innovación.

Sin embargo, debemos comprender que el quiebre de normas y la reinvención de tradiciones, no ocurre sólo en estos días. Esta es una tensión que caracteriza a toda sociedad desde antes que comencemos a caminar erguidos por el planeta. Es una característica muy humana la de repensar la cultura de manera constante.

Ahí, es crucial el rol de sujetos como, por ejemplo, los jóvenes y los viajantes: me refiero a esos sujetos curiosos, altamente creativos, y prolíficos inventores de tradiciones. Ya que siempre están poniendo nuestras tradiciones (‘nuestra cultura’) frente a un espejo, en un marco comparativo, a partir de lo cual suceden fenómenos como los intercambios culturales. Frente a esto, muchas personas se sienten incómodas y temerosas, porque entienden que esto implica un serio riesgo de perder la manera en que uno simplemente ES. Eso es muy comprensible, porque, por lo general, los ancianos, no viven de manera directamente experiencial lo que viven los jóvenes (cambios de épocas, de códigos, incluso de valores), y se sienten inseguros. Aquí, el desafío, intuyo que es descubrir la manera en que ambos, jóvenes y ancianos, aprendan unos de otros. Un intercambio ya no cultural, sino que esta vez deberá ser generacional.

Esto, por supuesto, tiene que ver con la posibilidad de que construyamos nuestras identidades ya no tanto a partir de antiguos rasgos ancestrales, míticos y tradicionales, sino también de aquellas cosas que nuestros hijos están aprendiendo y viviendo en estos tiempos. Dicho de otro modo, hablo de construir tradiciones también aprendiendo de nuestros hijos.

Inclusive, si te fijas bien, no estoy hablando tanto del reemplazo y substitución de todas nuestras tradiciones por las innovaciones y lo ajeno, sino de un diálogo justo entre ambos motores de la cultura: la permanencia y la innovación.

CN 7: Y, ¿por qué considera que la música, en eventos como el carnaval, puede ayudarnos a entender mejor los cambios culturales.

Quiérase o no, la música afecta nuestras vidas. Mucha veces, incluso las determina. Por ello, es que se convierte en un material que ha estado y está muy presente en nuestra historia.

Para mí, la música, más allá de ser un vehículo de entretenimiento, o una forma de goce estético y contemplativo, es también una forma muy singular de lenguaje que permite muchos y diferentes tipos de lecturas y discursos.

La etnomusicología nos enseña que todas esas lecturas y discursos son altamente válidos mientras tengan un mínimo grado de relevancia en la sociedad donde son creados. Me refiero el grado de incumbencia o pertinencia que una música tienen en un contexto. Lo que equivale a decir que una música es relevante para un grupo en la medida en que ésta tienen efectos claros en él.

Entonces, si estamos de acuerdo con esto, debemos prestar atención a la importancia que tiene los cambios y las permanencias para todos aquellos grupos diferentes que participan en eventos como el carnaval; no sólo a los que dicen detentar la tradición. Además, debemos creo yo, prestar atención tanto a los usos como a los significados que se les da a estas expresiones culturales desde las diferentes formas de ver y experienciar eventos audiovisuales como estos (¡obviamente, el cuerpo de un joven siente las cosas de manera diferente al de un anciano!).

No cabe duda: a través de la música podemos saber qué es lo que le preocupa a una sociedad, qué es lo que dice, qué es lo que elije como presente, como pasado; qué es lo que decide recordar y olvidar, cómo le suena el mundo.

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